Nos vamos al mundial...
Una nueva etapa para La Bella Práctica y para mí.
Foto de mexicano con fiebre futbolera, circa 2018
El vuelo era de una capital a otra. Estaba en Washington D. C. por trabajo e iba de camino a la Ciudad de México para el mundial de fútbol.
—Un café, por favor —le pedí al asistente de vuelo, que hablaba español con acento dominicano.
Me entregó el café y dos cremas. Lo dejé enfriar mientras leía un libro de fantasía que ahora me tiene con ganas de visitar El Cairo.
En el corazón había una cierta emoción, algo parecido a la ansiedad que produce la anticipación. Comenzaba una etapa que había planeado durante mucho tiempo.
Apenas había tomado un par de sorbos del café cuando sentí un nudo en el estómago. Se me inundó la boca de una saliva dulce y espesa. No sabía qué me estaba pasando; estaba a punto de vomitar, sin saber por qué. Corrí al baño. El asistente se me puso enfrente y me pidió que regresara a mi asiento. Yo no podía abrir la boca; si no me daba paso, el vómito caería a sus pies.
Los ojos me lloraban alertas, y él notó que algo no estaba bien. Se hizo a un lado y entré al pequeño baño del avión a vaciarme.
Al ver que no tenía ningún otro síntoma, intuí que la náusea no era resultado de algo que había comido, sino de la ansiedad que sentía en ese momento. Algo parecido a un ataque de pánico: mi cuerpo no supo cómo reaccionar a lo que sentía y decidió purgarse.
El cuerpo tiene maneras interesantes de hablarnos, de hacerse notar.
La última vez que decidí parar de trabajar fue en 2012, cuando viajé por Sudamérica y escribí Nómada Temporal. Alentar el tiempo, hacer más espacio para leer, poner atención a mi alrededor y tomar nota es lo que me permite ser más productivo cuando escribo. Así que me organicé con los ahorros, coordiné las cosas en el trabajo y ahora inicio un viaje de seis meses por nueve países, con dos meses de sabático y la intención de terminar mi novela y practicar en esta plataforma.
Hace un año, a plazos, y con una tarjeta de crédito, compré un paquete de boletos para los juegos del Mundial en el Estadio Azteca. Invité a algunos amigos a entrarle, y mi hermana y un amigo dijeron que sí para ayudarme con los costos. Lo pensé como una inversión que, al final, podría recuperar vendiendo los boletos que no quisiera.
Soy lo que en Estados Unidos llaman un bandwagon fan. Me subo al tren cuando lleva ambiente y disfruto de la efervescencia que producen momentos como la Copa Mundial de Fútbol. Con la excepción del béisbol, no podría siquiera nombrar a más de un par de jugadores de ningún otro deporte.
Sin embargo, la efervescencia social que generan momentos como la Copa del Mundo es lo que realmente me atrae, y esta semana todo comenzará con el primer partido de México contra Sudáfrica.
Es evidente que este Mundial está lleno de contradicciones: desde la corrupción tan conocida de la FIFA, hasta el comportamiento de Trump hacia deportistas, aficionados e incluso árbitros; pasando por los costos de un espectáculo que cada vez parece más reservado para las élites. Pero aquí estoy. Y este es apenas el inicio de un viaje largo que pienso disfrutar, anotar y compartir.
En esta primera parte del viaje, dado que no soy analista deportivo ni siquiera un seguidor particularmente fiel, mis reflexiones en las próximas semanas serán más bien una bitácora, una crónica. Me enfocaré en lo que vaya viendo y lo compartiré por medio de historias.
Espero que no sea la ansiedad la que empuje lo que escribo, sino que, en los próximos días, pueda calmar mi sistema nervioso y volver a encontrar esa curiosidad casi infantil con la que me gusta describir el mundo.
Utilizaré La Bella Práctica para tomar nota y compartir lo que encuentro en el camino. También continuaré trabajando en mi novela, que espero terminar este año.
¿Qué les gustaría saber del Mundial? ¿Qué paradojas o cosas interesantes les gustaría leer en las próximas semanas?
Les agradezco la paciencia y nos leemos pronto.


